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Ene
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Comunicación

La escucha, es la mejor capacidad de utilizar conscientemente su oreja con el fín de comunicar.
Desafortunadamente, si la escucha está demasiado perturbada, va a provocar problemas. Algunos de ellos tienen que ver con la posibilidad y el deseo de comunicar eficazmente con los demás.
Además, no se dice que ¿no existe peor sordo que él que no quiere oir?

Es necesario recordar que tener una buena escucha no implica necesariamente tener una buena audición. La escucha se caracteriza, por una intención real de comunicar así como por una calidad de percepción y de interpretación del mensaje sonoro recibido.


Entonces, se evalúa por la calidad de aprovechamiento de nuestra audición, y no por su nivel de sensibilidad. Aunque, la expresión “problemas de comunicación” contiene indudablemente un carácter muy general, y que las dificultades de comunicación podrían tener causas muy diversas y variadas, es seguro que, una proporción enorme de estas últimas encuentran su origen en distorsiones que resultan de la función de escucha.

Tomatis demostró muy bien, que estas dificultades podían ser detectadas y evaluadas directamente por la evaluación del grado de distorsión global de la escucha.

En realidad, esta función se define como la combinación particular de una totalidad de mecanismos perceptivos correspondiente cada uno a una dimensión de la escucha específica. Cada una de estas dimensiones se puede revelar por un indicador que se puede medir, y que refleja el grado de funcionamiento del proceso que le corresponde. La totalidad de las mediciones define así una combinación particular de la actividad de los mecanismos que constituyen la función de escucha. Esta combinación se puede considerar como un perfil de funcionamiento propio a cada persona, que se denomina un 'test de escucha'.
Se definió que, siete dimensiones principales constituyen la función de escucha: la composición armónica, el grado de adaptación, la selectividad intrínseca, la selectividad extrínseca, la especialización, el equilibro, y la lateralidad. Durante un primer chequeo en un centro Tomatis, estos parámetros una vez evaluados, dan lugar a una explicación concisa.

Así, dependiendo del test de escucha que representa una síntesis de la distorsión global de la escucha, las dificultades de comunicación podrán tomar formas muy diferentes.
Por ejemplo, pueden manifestarse por una incapacidad de aceptar y de recibir los sonidos que nos rodean, sin ser agredidos por ellos: el claxón, el portazo de una puerta, el ambiente sonoro elevado en un restaurante, pero también ciertas voces, como las de un colega de trabajo, de un pariente, de un(a) amigo(a)...
Para algunos, el trastorno puede radicar en la dificultad de entender rápidamente la significación de un mensaje verbal incluso simple, aunque éste último haya sido oído perfectamente, y en la tendencia a movilizar todos sus recursos con respecto a la atención para verificar si la interpretación del mismo mensaje es errónea o correcta.
Para otros , no será posible utilizar su voz como un verdadero instrumento de comunicación, por falta de control de sus diferentes componentes prosódicos: entonación, inflexiones, ritmos, intensidad.
La voz, independientemente de toda intención del hablante, será entonces percibida como agresiva, fría, o desprovista de todo poder de expresión por el interlocutor que la recibe.

Estos son algunos ejemplos que nos hacen entreveer un revés de medalla inevitable: toda distorsión de escucha si está bastante instalada, provoca incluso la pérdida del deseo de escuchar, que a su vez, va a crear una disminución del deseo o de la voluntad para comunicar, ya sea por la resignación, el desaliento o por la falta de conciencia que resulta de las dificultades para poder hacerlo eficazmente.

Se entiende entonces, todo lo interés en realizar un proceso de educación de la escucha, destinada a restaurar en cada persona con dificultades para comunicar la integridad de sus capacidades relacionales y expresivas.

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